El recargue duro consiste en la aplicación de una aleación con resistencia superior al mecanismo de desgaste que sufre un componente o pieza. De este modo se obtiene la mayor dureza superficial posible, con el fin de aumentar la vida útil de piezas de máquinas que están sometidas a distintos mecanismos de desgaste.
Este material de aporte más duro se suelda al metal base utilizando electrodos o varillas de relleno especializados. Los aportes RMB que cumplen esta función en proceso MMA son KM350, KM700, KM800 y KM900. Entre los metales base a los que se puede aplicar este tipo de revestimiento se encuentran: hierro fundido, aleación a base de cobre, aleación a base de níquel, acero inoxidable, acero al manganeso, y acero al carbono y aleado.
Es importante tener en cuenta que, al aumentar la dureza de un recubrimiento duro, este se hace más frágil y por lo tanto menos soldable — por eso no se puede aplicar un número indefinido de capas o pasadas. Estos límites están directamente relacionados con los mecanismos de desgaste que busca combatir cada recargue, que repasamos a continuación.

Es el rozamiento que ocurre entre dos o más piezas metálicas.

Es una acción esmeriladora causada por sólidos abrasivos deslizantes que rozan y pulen contra una superficie.

Ocurre en la superficie de un metal donde el líquido fluye a gran velocidad y existen cambios de presión, como por ejemplo en impulsores de bomba y propulsores de barco.

Esta acción influye sobre estructuras endurecidas por tratamiento térmico, reblandeciéndolas.

Es el deterioro de un metal como consecuencia de una reacción química o electroquímica con el medio ambiente.
Consiste en rellenar una pieza que ha sufrido un desgaste severo para que recobre sus dimensiones originales.
Consiste en una o dos capas de soldadura aplicadas sobre el metal base antes del recubrimiento.
Es la capa de soldadura que quedará en la superficie de la pieza y que estará sometida al trabajo.
Es el objetivo principal del recargue duro: aplicar una aleación con resistencia superior al mecanismo de desgaste que sufre la pieza, logrando la mayor dureza superficial posible para aumentar su vida útil en servicio.
Al aumentar la dureza de un recubrimiento, este se vuelve más frágil y por lo tanto menos soldable. Por esta razón no se puede aplicar un número indefinido de capas o pasadas sobre la pieza.
El recargue duro permite aumentar la resistencia superficial de una pieza frente a mecanismos de desgaste como la fricción metal-metal, la abrasión, la cavitación, las altas temperaturas y la corrosión, mediante procesos que se clasifican en reconstrucción, enmantecado y recubrimiento duro propiamente dicho. Bien aplicado, mejora la duración en servicio y la eficiencia, reduce los costos de mantenimiento, permite recuperar partes usadas a menor costo y reconstruir piezas que operen más tiempo que una nueva, e incluso fabricar componentes en metales base económicos y recubrirlos después. Puede aplicarse con los procesos MMA, GMAW, FCAW, FCAW-G y SAW.