La máscara es un elemento indispensable para soldar y para protegernos de la radiación que genera la soldadura. Es necesario saber que la soldadura emana 3 tipos de rayos: rayos infrarrojos (IR), rayos ultravioletas (UV) y rayos lumínicos. Si bien cada uno de estos genera efectos diferentes, en los tres casos queman nuestros tejidos, sea nuestra piel o aquellos que conforman nuestros ojos.
Inicialmente las máscaras eran pasivas, es decir, contaban con un filtro de rayos IR y UV fijo, y para mitigar los rayos lumínicos podían adquirirse con distintos niveles de opacidad fijos. Gracias a los avances tecnológicos surgieron las máscaras fotosensibles, también llamadas “activas”, que cuentan con sensores que responden a estímulos de luz y oscurecen el visor automáticamente.
Elegir bien la máscara implica entender cómo funcionan estos sensores y qué controles regulan su comportamiento. A continuación, repasamos los aspectos clave a la hora de elegir la tuya.

La cantidad de sensores y su velocidad de respuesta son unos de los aspectos más importantes a la hora de elegir una máscara. Cuantos más sensores tenga, y más veloces sean, mayor nivel de protección tendrá el operario.

La luz que activa los sensores idealmente tiene que ser la que emite el arco eléctrico en la zona de soldadura. Pero puede ocurrir que la máscara se active por un estímulo externo no deseado, ya que el sensor no puede identificar el origen de esa luz (por ejemplo, la luz del sol al trabajar al aire libre, o la soldadura de otro operario cercano).

El soldador no puede modificar las propiedades de los filtros UV e IR, pero sí puede modificar los grados de opacidad del visor. La escala con la que se mide es la DIN (de la norma alemana que la normaliza), y define en una escala que generalmente va de 9 a 13 el nivel de opacidad del visor: 9 es el valor más claro, y 13 el más oscuro.

El delay suele generar confusiones en los soldadores. Se piensa que sirve para definir el tiempo que tarda el sensor en activarse, pero ese tiempo lo define la calidad del sensor, y no tendría sentido aumentarlo, porque se correría el riesgo de dañar la visión. Este control está diseñado para proteger los ojos del soldador contra rayos fuertes residuales después de soldar.
Contaban con un filtro de rayos IR y UV fijo, y para mitigar los rayos lumínicos podían adquirirse con distintos niveles de opacidad: el soldador podía elegir un tono bajo, uno intermedio o uno alto. Esto generaba inconvenientes, ya que el operario, al ponerse la máscara, anulaba su visión, y a menos que se tratara de un soldador muy habilidoso, se dificultaba el posicionamiento de las piezas y el inicio del arco.
Cuentan con sensores que responden a estímulos de luz, de tal modo que cuando el sensor detecta dicho estímulo, el visor se oscurece. Esto permite que el soldador pueda tener la máscara puesta, posicionar las piezas a soldar y ejecutar la soldadura sin necesidad de ponerse y sacarse la máscara, y sin utilizar las manos. El filtro IR/UV filtra esas radiaciones de forma permanente y no regulable por el usuario (por eso se ve el lente con una tonalidad verdosa), mientras que el visor se oscurece solo cuando hay un estímulo de luz que activa los sensores fotosensibles del panel frontal.
Los sensores están alimentados por baterías que se cargan gracias al panel solar ubicado en el frente de la máscara: a medida que se suelda, se produce la carga de las baterías. Es importante asegurarse de tener acceso a las baterías para su recambio, ya sea de manera particular o a través del servicio técnico.
La máscara debe ser liviana, cómoda y ajustarse a la fisionomía del soldador. Esto está determinado por la vincha de ajuste y los materiales que la componen y que están en contacto con la cabeza.
Elegir bien una máscara implica entender cómo protege de los 3 tipos de rayos que emana la soldadura, y por qué las máscaras fotosensibles superan a las pasivas al permitir soldar sin perder la visión. La protección efectiva depende de 4 aspectos técnicos —velocidad de los sensores, sensibilidad, opacidad y delay—, sumado a dos cuidados prácticos: mantener el panel solar limpio para asegurar la carga de la batería, y priorizar la ergonomía para un uso cómodo y prolongado.